Sepelio de madre del Alcalde Lantigua
LAWRENCE, MA. En una sentida manifestación de duelo se convirtió el velatorio del cadáver de la señora Ana Elvira Soto, madre del Alcalde de Lawrence, William Lantigua, quien junto a los familiares más cercanos permaneció toda la tarde y parte de la noche del miércoles haciendo guardia de honor al lado del féretro y recibiendo las condolencias de las miles de personas que desfilaron por el Centro de Adoración Jesucristo es el Señor.
Representantes de todos los sectores sociales, étnicos, políticos, económicos, comerciales, empresariales y humildes pobladores de Lawrence desfilaron en dos largas e interminables filas que fue preciso organizar, de manera que el deseo de cada uno de expresar su sentir a los familiares se mantuviera en orden.
El ataúd conteniendo los restos de la señora Soto fue colocado en el Centro de Adoración cerca de las 3:30 de la tarde del miércoles,
5 de mayo y desde entonces y hasta la hora del cierre, a las 8:30 de la noche, la llegada de personas fue continua.
Ya a las 10:00 de la mañana del jueves, los restos serían trasladados al cementerio Bellevue de Lawrence, donde recibirían cristiana sepultura, previo a un servicio de oración que se ofreció en el local del Centro de Adoración, localizado en el 9 de la calle Hampshire, casi esquina Methuen.
La señora Ana Elvira Soto, que había cumplido 75 años, falleció el lunes, 3 de mayo en su residencia de esta ciudad.
Había llegado a Estados Unidos, procedente de la República Dominicana en los años 70 y poco después se trasladó a Lawrence, donde estuvo viviendo, trabajando en diversas instituciones, incluida una guardería infantil. Destacó por su pasión a la lectura, la política y a los sombreros expresivos, los cuales exhibía orgullosamente.
A la dama fallecida le sobreviven sus hijos: Leo Lantigua, de Florida; el Alcalde William Lantigua, de Lawrence;
Ana Soto, de Lawrence y Rosario Báez, de Lawrence. Enrique Lantigua fue otro de sus hijos quien murió en esta ciudad hace dos años. La Señora Soto fue abuela de doce y bisabuela de uno.
Por Roberto Rodríguez
siglo21.com