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Dominicanos visitan destino final de esposas accidentadas en el Bronx


NUEVA YORK.- Rotos por el dolor y armados de coraje, los dominicanos Ramón Rosario y Juan González, esposos de María (Nelly) Núñez y María (Fina) González, quienes perecieron en el accidente del domingo pasado en El Bronx, quisieron ver por sí mismos el último destino de sus amadas.

Los hombres, cabizbajos y con la angustia marcada en sus rostros, especialmente en el momento en que se preparaban los funerales de sus compañeras sentimentales, llegaron hasta la rampa de la autopista Bronx River Parkway para conocer el área donde sus esposas, tres hijas de las parejas y los abuelos, cayeron para no levantarse jamás.

Inconsolables, dijeron que ambas familias están destruidas. "Hemos perdido tres generaciones", señaló González con una sombría expresión en su rostro. "Quisimos ver cómo perdieron sus vidas y también lo que la ciudad está haciendo para la protección de la carretera que no es segura".

Después de estacionar sus vehículos en los que además iban otros siete parientes de las víctimas, los esposos dominicanos, se apoyaron en la baranda de la autopista por la que sobrevoló la van Honda Pilot 2004 que conducía "Fina".

Se inclinaron en la carretera, chequearon las marcas de los neumáticos y en el borde de concreto armado de dos pies de altura, punto que marcó las muertes de los siete dominicanos.

Miraron hacia abajo, por encima de la barrera y sus miradas fijas, volaron hacia el pavimento, donde el vehículo se estrelló. Muchos de los conductores que transitaban en ese momento, reducían la velocidad y voceaban expresiones de condolencias y solidaridad con los dos dominicanos. Sus mujeres eran hermanas.

Patrulleros estatales que recorrían zonas de la autopista, también mostraron sus respetos, pero aconsejaron a la familia abandonar la carretera por razones de seguridad.

Recordaron que el hijo mayor de González, Jeury, se salvó porque no abordó el vehículo conducido por su mamá para ir a la celebración, como tenía previsto.

La madre llevaba al muchacho de 12 años todos los días a las prácticas de béisbol, pero el domingo de la semana pasada, día de la tragedia, lo dejó para llevar a los demás a la fiesta.
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