La guerra sobre su condición de estado (II de II)
AP
El reciente aislamiento de Israel ha sido subrayado por el deterioro de sus relaciones con Turquía y Egipto. El mes pasado el gobierno de Turquía despidió al embajador de Israel y degradó los lazos diplomáticos. Luego, este mes, los diplomáticos israelitas en Egipto fueron obligados a huir cuando su embajada fue atacada por manifestantes. Aún más recientemente, los diplomáticos israelitas, temerosos de asaltos similares, temporalmente se retiraron de Jordania, el otro país árabe con quien Israel tiene un tratado de paz.
Los funcionarios israelitas temen que la jugada de Palestina en las Naciones Unidas detonará nueva violencia en Cisjordania, después de un largo período de tranquilidad. Consideran ellos que la cooperación entre el ejército israelita y las fuerzas de seguridad leales a Abbas y a su Palestinian Authority (PA), podría tornarse delicada. El PA espera una demostración grande, pero pacífica en apoyo a su diplomacia ante las Naciones Unidas. Los israelitas piensan que, como nada cambiará en el terreno, el desencanto de los palestinos podría convertirse en violencia.
De regreso a Cisjordania
Para muchos palestinos, la propuesta a la ONU se siente como déjà vu. En 1999 Yasser Arafat declaró que él lograría un estado con plenos derechos, pero se retractó cuando Netanyahu lo bloqueó. "Hace dos meses nadie creía que [Abbas] iría ante las Naciones Unidas ante la presión de los Estados Unidos e Israel", dice el propietario de una consultora de TI en Nablus, en Cisjordania. "Decirle no a una superpotencia es bastante difícil para nosotros". Pero Abbas fue más astuto que sus críticos internos al igual que externos, y las últimas encuestas sugieren que el 83% de los palestinos en los territorios apoyan la propuesta.
La primavera árabe ha cambiado la dinámica de la política en Palestina. El ex presidente Hosni Mubarak de Egipto, con frecuencia les recomendaba públicamente a los palestinos "evitar poner en peligro el proceso de paz" al tratar de lograr ser un estado de pleno derecho. El nuevo gobierno egipcio, mientras, está renuente a romper el tratado de paz con Israel, no seguirá la línea de Mubarak. Turquía ha dado a entender que compensará a los palestinos en Cisjordania si el Congreso de los Estados Unidos retiene los fondos. Y el 12 de septiembre el príncipe Turki al-Faisal, un ex director por mucho tiempo de la inteligencia saudí, escribió que Arabia Saudita "ya no cooperaría con los Estados Unidos en la misma forma que históricamente lo ha hecho" si los Estados Unidos votan en contra de la propuesta palestina.
Abbas está siendo elogiado por su audacia, pero tiene problemas en casa. Durante los últimos cuatro años el primer ministro del PA ha sido un tecnócrata, Salam Fayyard, quien ha impresionado mucho a los poderes occidentales que financian su gobierno en ciernes. Pero Abbas ha prometido que, después de su propuesta ante la ONU, él reiniciará conversaciones sobre la formación de un gobierno con Hamas, que detesta al secular Fayyard. Abbas también ha prometido nuevas elecciones, en la esperanza de que, gracias a mejoramientos en Cisjordania, su grupo Fatah gane. Sería una tremenda ironía si, habiendo ganado en papel ser un estado con plenos derechos, fuese nuevamente entorpecido o hasta vencido por un partido que todavía rechaza una solución que contemple dos estados.
Para muchos palestinos, la propuesta a la ONU se siente como déjà vu. En 1999 Yasser Arafat declaró que él lograría un estado con plenos derechos, pero se retractó cuando Netanyahu lo bloqueó.
© 2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Los funcionarios israelitas temen que la jugada de Palestina en las Naciones Unidas detonará nueva violencia en Cisjordania, después de un largo período de tranquilidad. Consideran ellos que la cooperación entre el ejército israelita y las fuerzas de seguridad leales a Abbas y a su Palestinian Authority (PA), podría tornarse delicada. El PA espera una demostración grande, pero pacífica en apoyo a su diplomacia ante las Naciones Unidas. Los israelitas piensan que, como nada cambiará en el terreno, el desencanto de los palestinos podría convertirse en violencia.
De regreso a Cisjordania
Para muchos palestinos, la propuesta a la ONU se siente como déjà vu. En 1999 Yasser Arafat declaró que él lograría un estado con plenos derechos, pero se retractó cuando Netanyahu lo bloqueó. "Hace dos meses nadie creía que [Abbas] iría ante las Naciones Unidas ante la presión de los Estados Unidos e Israel", dice el propietario de una consultora de TI en Nablus, en Cisjordania. "Decirle no a una superpotencia es bastante difícil para nosotros". Pero Abbas fue más astuto que sus críticos internos al igual que externos, y las últimas encuestas sugieren que el 83% de los palestinos en los territorios apoyan la propuesta.
La primavera árabe ha cambiado la dinámica de la política en Palestina. El ex presidente Hosni Mubarak de Egipto, con frecuencia les recomendaba públicamente a los palestinos "evitar poner en peligro el proceso de paz" al tratar de lograr ser un estado de pleno derecho. El nuevo gobierno egipcio, mientras, está renuente a romper el tratado de paz con Israel, no seguirá la línea de Mubarak. Turquía ha dado a entender que compensará a los palestinos en Cisjordania si el Congreso de los Estados Unidos retiene los fondos. Y el 12 de septiembre el príncipe Turki al-Faisal, un ex director por mucho tiempo de la inteligencia saudí, escribió que Arabia Saudita "ya no cooperaría con los Estados Unidos en la misma forma que históricamente lo ha hecho" si los Estados Unidos votan en contra de la propuesta palestina.
Abbas está siendo elogiado por su audacia, pero tiene problemas en casa. Durante los últimos cuatro años el primer ministro del PA ha sido un tecnócrata, Salam Fayyard, quien ha impresionado mucho a los poderes occidentales que financian su gobierno en ciernes. Pero Abbas ha prometido que, después de su propuesta ante la ONU, él reiniciará conversaciones sobre la formación de un gobierno con Hamas, que detesta al secular Fayyard. Abbas también ha prometido nuevas elecciones, en la esperanza de que, gracias a mejoramientos en Cisjordania, su grupo Fatah gane. Sería una tremenda ironía si, habiendo ganado en papel ser un estado con plenos derechos, fuese nuevamente entorpecido o hasta vencido por un partido que todavía rechaza una solución que contemple dos estados.
Para muchos palestinos, la propuesta a la ONU se siente como déjà vu. En 1999 Yasser Arafat declaró que él lograría un estado con plenos derechos, pero se retractó cuando Netanyahu lo bloqueó.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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