El paro envía un mensaje que el gobierno debe leer
La paralización fue parcial, pero con la suficiente fuerza para que el gobierno se dé por enterado.
Bancos, supermercados, grandes tiendas y empresas laboraron.
SANTO DOMINGO. El gobierno podría hacer una falsa lectura de la huelga de ayer.
Podría alegar que se trató de un movimiento que no afectó en forma sensible los nervios que mueven la economía nacional.
Inclusive, puede aducir a su favor que estuvieron al margen del paro los grandes grupos económicos, y que fue evidente que los poderes fácticos, tan determinantes para medir el apoyo al gobierno en un momento determinado, no se involucraron en contra de las actuales autoridades.
Sin embargo, no se puede regatear que el movimiento se dejó sentir y que, sin apasionamientos, puede ser etiquetado de "parcial y exitoso", por lo que, como los buenos boxeadores, a Leonel Fernández no le queda más que asimilar lo que de expresión de rechazo a su gobierno tuvo la paralización.
El relativo éxito de la huelga tiene una primera lectura: El fastidio de la población por tantas alzas de precios e impuestos, y la manifiesta desidia de Fernández, que siembra en la mente de la gente la percepción de que su reino no es de este mundo.
El gobierno ha estado golpeando sistemáticamente a la población; ha echado sobre sus hombros todos los sacrificios fiscales para cubrir déficits y pagar deudas, y por ahí hay que empezar a evaluar la protesta de ayer.
Si Leonel sigue en línea recta y no desactiva el latente descontento que existe con la aplicación de políticas efectivas y hasta con un cambio de cara a su administración, que se prepare para nuevas jornadas, quizá más vigorosas y menos pacíficas que la de ayer.
En vez de restarles crédito y méritos a los grupos convocantes, que en honor a la verdad no tienen sustancia en la base económica y social del país, el gobierno debe entender que lo que han hecho es "montarse" en el descontento de la población.
No hay dudas de que pese al oportunismo de algunos partidos y de grupos cada vez más ajenos al sentir popular, lo de ayer tuvo un elevadísimo componente de espontaneidad. Ha sido la expresión de un momento específico, de una coyuntura, en la que se conjugaron varios factores, en particular los constreñimientos actuales de las grandes mayorías.
Podría alegar que se trató de un movimiento que no afectó en forma sensible los nervios que mueven la economía nacional.
Inclusive, puede aducir a su favor que estuvieron al margen del paro los grandes grupos económicos, y que fue evidente que los poderes fácticos, tan determinantes para medir el apoyo al gobierno en un momento determinado, no se involucraron en contra de las actuales autoridades.
Sin embargo, no se puede regatear que el movimiento se dejó sentir y que, sin apasionamientos, puede ser etiquetado de "parcial y exitoso", por lo que, como los buenos boxeadores, a Leonel Fernández no le queda más que asimilar lo que de expresión de rechazo a su gobierno tuvo la paralización.
El relativo éxito de la huelga tiene una primera lectura: El fastidio de la población por tantas alzas de precios e impuestos, y la manifiesta desidia de Fernández, que siembra en la mente de la gente la percepción de que su reino no es de este mundo.
El gobierno ha estado golpeando sistemáticamente a la población; ha echado sobre sus hombros todos los sacrificios fiscales para cubrir déficits y pagar deudas, y por ahí hay que empezar a evaluar la protesta de ayer.
Si Leonel sigue en línea recta y no desactiva el latente descontento que existe con la aplicación de políticas efectivas y hasta con un cambio de cara a su administración, que se prepare para nuevas jornadas, quizá más vigorosas y menos pacíficas que la de ayer.
En vez de restarles crédito y méritos a los grupos convocantes, que en honor a la verdad no tienen sustancia en la base económica y social del país, el gobierno debe entender que lo que han hecho es "montarse" en el descontento de la población.
No hay dudas de que pese al oportunismo de algunos partidos y de grupos cada vez más ajenos al sentir popular, lo de ayer tuvo un elevadísimo componente de espontaneidad. Ha sido la expresión de un momento específico, de una coyuntura, en la que se conjugaron varios factores, en particular los constreñimientos actuales de las grandes mayorías.
De Nelson Rodríguez / Jefe de redacción
diariolibre.com