Dios habla a tu vida hoy
“La Fe” (1)

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, Rom. 12:2
¿Cuántos hemos ejercitado nuestra fe hoy? La fe es como un músculo, la tenemos que ejercitar. Músculo que no se ejercita, se atrofia. Todos hemos recibido un cierto grado de fe al venir a Cristo (Rom. 12:3, 6). Una fe elemental, para salvación… una fe de bajo desempeño. Se necesitó la fe para creer que Jesús murió en la cruz y que derramó su sangre por nosotros, ya que ninguno de nosotros lo vio jamás.
Cuando iniciamos nuestro caminar con Cristo empezamos a ejercitar esa medida de fe que recibimos al inicio, pero quizás siguió siendo una fe de bajo rendimiento, ya que no era ejercitada lo suficiente. Así fue volviéndose una fe monótona, aburrida. Nunca hacía nada extraordinario ni experimentaba nada sobrenatural.
Pensemos en la fe vestida con tenis y ropa adecuada para hacer ejercicio, haciendo cada día ejercicios de calentamiento, esperando ser ejercitada pero…nada pasaba… ¿Por qué? Porque seguimos haciendo las mismas cosas, no probamos la fe, no nos arriesgamos. Por ejemplo, si se enferma la abuela oramos levemente por ella, pero nos hacemos a la idea de que puede morir porque ya está vieja. La llevamos al doctor y si se muere decimos: ya estaba muy vieja. No sacamos nuestra fe a ejercitarse.
¿Cuántos hemos ejercitado nuestra fe hoy? La fe es como un músculo, la tenemos que ejercitar. Músculo que no se ejercita, se atrofia. Todos hemos recibido un cierto grado de fe al venir a Cristo (Rom. 12:3, 6). Una fe elemental, para salvación… una fe de bajo desempeño. Se necesitó la fe para creer que Jesús murió en la cruz y que derramó su sangre por nosotros, ya que ninguno de nosotros lo vio jamás.
Cuando iniciamos nuestro caminar con Cristo empezamos a ejercitar esa medida de fe que recibimos al inicio, pero quizás siguió siendo una fe de bajo rendimiento, ya que no era ejercitada lo suficiente. Así fue volviéndose una fe monótona, aburrida. Nunca hacía nada extraordinario ni experimentaba nada sobrenatural.
Pensemos en la fe vestida con tenis y ropa adecuada para hacer ejercicio, haciendo cada día ejercicios de calentamiento, esperando ser ejercitada pero…nada pasaba… ¿Por qué? Porque seguimos haciendo las mismas cosas, no probamos la fe, no nos arriesgamos. Por ejemplo, si se enferma la abuela oramos levemente por ella, pero nos hacemos a la idea de que puede morir porque ya está vieja. La llevamos al doctor y si se muere decimos: ya estaba muy vieja. No sacamos nuestra fe a ejercitarse.
En ocasiones, Dios diseña para nosotros una especie de maratón en el cual hay que ejercitar forzosamente la fe. Una maratón se compone de varias pruebas olímpicas entre las cuales están 1,500 m a nado, 10 Km. de carrera a pie y 40km de ciclismo en carretera. Toda una serie de situaciones difíciles para las cuales necesitamos ejercitar la fe. Por eso, debemos renovarnos día a día en la fe. ¿Por qué? Porque cuando algo nos funciona es muy cómodo vivir haciendo lo mismo.
Generalmente queremos todo rápido porque nos cuesta esperar en Dios; pero, mientras esperamos debemos creer que Dios está desarrollando la paciencia y la fe en nosotros. Es difícil, porque nos gusta “tener el control” de todo. En ocasiones nos cuesta depender de una persona a la que vemos pues nos preocupa que se olvide de nosotros, que no haga lo que le pedimos, que no le importemos, etc.…. cuánto más de Dios que es intangible.
Existe, más no lo vemos. El problema es creer cuando no vemos nada o vemos lo contrario a lo que esperamos… ¡ese es el reto!
Veamos el ejemplo de Adán (Gén. 2:18 – 22): Dios lo ve y decide darle una ayuda idónea, pero enseguida, antes de darle a Eva, le asigna más trabajo, ¿Por qué? Para probar su fe. En Rom. 12:2 hay un punto muy importante que casi siempre pasamos por alto: la renovación. Así se prueba la fe. Con el paso del tiempo llegamos a hacer monótona nuestra fe, por eso Dios la prueba, para renovarla.
Veamos el ejemplo de Adán (Gén. 2:18 – 22): Dios lo ve y decide darle una ayuda idónea, pero enseguida, antes de darle a Eva, le asigna más trabajo, ¿Por qué? Para probar su fe. En Rom. 12:2 hay un punto muy importante que casi siempre pasamos por alto: la renovación. Así se prueba la fe. Con el paso del tiempo llegamos a hacer monótona nuestra fe, por eso Dios la prueba, para renovarla.
lapalabraparahoy.blogspot.com