La Costa Norte Radio

Bipartidismo y obstruccionismo en el Congreso

Por Ramón Peralta
Noam Chomski, destacado lingüista y analista político, al preguntársele sobre los dos partidos de la política americana, respondió: “Esos son dos facciones de un mismo grupo.” De acuerdo al Sr. Chomski, los Republicanos y los Demócratas, como dice el pueblo, no son más que, “más de lo mismo”. Sus diferencias son más de maquillaje que de realidad. Sin embargo, en el accionar político y en el manejo de los asuntos de estado, se comportan como dos fieros enemigos, que apuestan a quien se obstaculice más el uno al otro, dando lugar a que las actividades en el Congreso lleguen  a niveles de radical paralización y donde el revanchismo político se pone por encima de los intereses genuinos de la nación.
Cuando un grupo asume el control de una de las ramas del Congreso, como ahora sucede, el diálogo, que debe servir de norte al debate de los asuntos políticos, se sustituye por la intransigencia y la rigidez en las posiciones encontradas.
El partido que controla cualquiera de las dos Cámara, hace lo posible de que el otro se vaya a las gradas, como se dice en el lenguaje del béisbol. Eso significa, que el partido que es minoría es relegado a un segundo plano y no tiene la oportunidad de asumir un puesto de importancia en los diversos comités  donde se deciden los asuntos a discutir. No solo eso, sino que las opiniones de la minoría prácticamente no cuentan, convirtiéndose el Congreso en el lugar más antidemocrático del sistema. Los que controlan los comités son los que deciden qué asuntos van o no a debatirse en la sala del Congreso.
En ese sentido, la intransigencia se ha convertido en norma política. Cuando los Republicanos tomaron el control de la Casa de Representantes en las pasadas elecciones, el Senador Republicano Mitch McConnell expresó, que la meta de los Republicanos era evitar la reelección del Presidente Obama. Más que una declaración política y una amenaza, la declaración del Senador, era un llamado a la obstrucción a todo lo que pudiera ser considerado positivo para la nación y que se constituyera en un voto de confianza del pueblo hacia el Presidente.
No es extraño por tanto, que ante los graves problemas de la presente crisis económica, el Congreso, que es el organismo que motoriza las iniciativas, se encuentre casi totalmente paralizado por motivo del revanchismo político y la falta de apertura de los dos grupos que controlan el poder.
El servicio al pueblo, que debe ser el norte de la democracia, se echa a un lado para dejar paso a la confrontación de intereses de grupos a los que no les importa la solución de los más graves problemas del país sino a los suyos propios.
La causa de que esto esté sucediendo se debe, a que cada vez más los intereses grupales son los que patrocinan y controlan el proceso electoral y los elegidos  no les queda otra opción que responder a los intereses de esos grupos. No hay lugar a dudas, que esa es la razón que está causando la desnaturalización del sistema y la poca transparencia en sus acciones.
La flexibilidad y la concertación se han convertido en especie en extinción en los debates del Congreso. La existencia de esta anormalidad no se puede atribuir a un grupo específico, sino que ambos partidos son responsables de lo que sucede, ya que, ellos mismos son los que han creado las reglas de juego que hoy prevalecen y que conducen al estancamiento y la paralización.
Si bien el pueblo da el poder a un grupo, eso no significa que el otro grupo sea silenciado hasta el punto de la no existencia. Los votos que una minoría adquiere también cuentan y significa que ese sector ha recibido del pueblo la potestad para llevar un mensaje en el debate de los asuntos en el Congreso.
El Congreso que hoy tenemos es la antítesis de la misión que la constitución atribuye a este poder del estado. Si el Congreso se sale de las poderosas atribuciones que le da la constitución, estamos abocados al estancamiento y la paralización en la solución de los problemas nacionales. Esa es la realidad que hoy vivimos. De persistir el obstruccionismo, no hay lugar a dudas que iremos hacia atrás y los problemas se harán más graves.    

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