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Las lÁgrimas de Tucson I de II

La representante demócrata por Arizona Gabrielle Giffords resultó herida en la cabeza en un tiroteo en el que murieron un juez federal y otras cuatro personas.
Barack Obama, elocuentemente declaró esta semana que los Estados Unidos han sido sacudidos de su rutina y obligados a hacer introspección. Y así lo ha hecho: en respuesta al atentado de asesinato a Gabrielle Giffords, una congresista de Arizona, el Congreso canceló todas las actividades programadas para la semana, incluyendo la votación para derogar las reformas de salud del presidente, y en su lugar promulgó una resolución de condolencia por las víctimas. Obama, junto a varios miembros del gabinete y congresistas, visitó la escena de la tragedia, Tucson, para asistir a un emotivo acto de conmemoración. Y los medios descartaron todos los otros temas para dedicarse a un frenesí de recriminaciones.

El ataque tuvo lugar afuera de un supermercado Safeway donde la Sra. Giffords celebraba un mitin público. Seis personas murieron - un asistente de la Sra. Giffords, un juez federal, una niña de nueve años y tres personas mayores. Otros 13 fueron heridos, entre ellos la Sra. Giffords, quien recibió un disparo en la cabeza a corta distancia del que es probable que sobreviva.

Espectadores detuvieron al sospechoso, Jared Loughner, cuando trataba de recargar su pistola semiautomática Glock. Ya ha sido acusado en una corte federal del asesinato e intento de asesinato de varios empleados federales que se encontraban presentes durante el ataque. Es probable que se agreguen otras acusaciones, tanto de las autoridades federales como de las autoridades estatales de Arizona.

El Departamento Federal de Investigaciones (FBI) dice que aparte de haber declarado que actuó solo, Loughner no ha colaborado con su investigación. Pero encontraron documentos en su hogar que parecen hacer referencia a planes para asesinar a la Sra. Giffords. Ella le escribió en el 2007 después que él le hiciera una pregunta en un acto similar; él escribió en la carta "muérete, perra".

Sin embargo, las razones por las cuales Loughner odia a Giffords, no están claras. Luce un solitario y un teórico de conspiraciones de una variedad vagamente de derecha. Él ha despotricado en línea sobre las intenciones del gobierno de controlar las mentes y el envilecimiento del dólar. Pero su política no es consistente: según su página en MySpace a él le gustan tanto los trabajos de Adolf Hitler como los de Karl Marx. En uno de sus videos se ve una bandera estadounidense siendo quemada.

Más que nada Loughner parece perturbado. Personal de una universidad local donde estudió hasta el año pasado llamaron a la policía cinco veces debido a sus explosiones de ira. Un compañero de la universidad en esa época le escribió a un amigo comentando que era el tipo de persona capaz de armar un tiroteo. Eventualmente fue suspendido pendiente de un chequeo psiquiátrico que nunca se hizo. Ahora se preguntan si no debió haber sido obligado a hacerlo. En años recientes fue arrestado dos veces, una por posesión de mariguana y la otra por daños a señalizaciones públicas. Nada de esto le impidió comprar un arma letal.

A pesar de la aparente falta de un motivo político coherente para el ataque, varios políticos y eruditos argumentan que el tono violento de la política en los Estados Unidos les da a personas desequilibradas la excusa para recurrir a la violencia. Dice Clarence Dupnik, el sheriff local, que Arizona se ha convertido en "la meca del prejuicio y el fanatismo". En el 2009 un pastor en una pequeña iglesia en Arizona ocasionó un disturbio al decirle a su congregación que él oraba para que Obama "se muriera y se fuera al infierno". Las ventanas de la oficina de la Sra. Giffords fueron golpeadas o baleadas después que ella votó el año pasado a favor de las reformas de salud de Obama.

Cuando se le preguntó al padre de Giffords si ella tenía enemigos, él contestó "el partido del té completo", haciendo referencia al movimiento de protesta de derecha que estuvo a punto de hacerla perder su escaño en las elecciones de noviembre. Blogueros airados mostraron un mapa publicado en línea durante la campaña que tenía marcados con retículos su distrito y otros que los republicanos esperaban arrebatarles a los demócratas. Agregaron que Sarah Palin, la ex candidata vicepresidencial republicana y líder del movimiento del partido del té, quien dirige la campaña de éste, con frecuencia hace uso de slogans marciales. Palin dice que esas acusaciones son "denuncias malignas" y que promueven el tipo de rencor al que sus proponentes alegan oponerse.

Por su parte, los blogueros de derecha han desenterrado varios casos en que los demócratas utilizaron un lenguaje violento durante la campaña.

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com


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