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EL PERIODISMO ES UN NEGOCIO O UN SACERDOCIO

Emilio Santos
 
PUERTO PLATA.-El periodismo nació en la Baja Edad Media, época en que las noticias se transmitían en forma de canciones y relatos, de baladas noticieras que entornaban los juglares errantes.

Pero lo que podríamos considerar periodismo moderno comenzó a principios del siglo XVII. Surgió literalmente a partir de las conversaciones que se mantenían en los lugares públicos, sobre todo en los cafés de Inglaterra y después en los pubs de Estados Unidos.

Los primeros periódicos nacieron a partir del intercambio de noticias que se producían en estos locales y, ya en 1609, algunos impresores comenzaron a recoger los chismes sociales, las discusiones políticas y las novedades que traían los marineros y a imprimirlos en papel.

Conforme a la concesión de la profesión que prevaleció hasta hace pocos años, el periodismo se veía como un sacerdocio que debía servir de modo desinteresado a los mejores intereses de la comunidad.

Sin embargo, la filosofía utilitarista y la concesión eminentemente mercurialita que ha venido imponiendo el neoliberalismo a todas las actividades humanas, el ejercicio del periodismo se ha convertido en un vulgar negocio, para aquellos periodistas sin compromiso con la sociedad, que se dedican a amasar fortuna mediante el chantaje.

No obstante el hecho de que el periodismo atraviese hoy por una crisis de conciencia, confianza y objetivos, debe ser visto tanto como una profesión y, al mismo tiempo, como una vocación de servir a los más elevados intereses de la sociedad.

Se debe practicar un tipo de periodismo que en la medida de lo posible se esfuerce en ofrecer información suficiente al lector, al radioescucha o al televidente para que éste extraiga sus propias conclusiones. Jamás debe tratar de imponer su verdad, porque caería en perversa manipulación.

El periodista debe tener bien claro al momento de confeccionar una crónica que no basta con reproducir los hechos verazmente. Ahora es necesario informar de la verdad que encierran los hechos.

Cuando se produzca un debate entre dos oponentes que basan sus argumentos en datos falsos o en meros prejuicios, si el comunicador no desentraña la verdad fracasará a la hora de informar y su trabajo solo servirá para provocar, lo que no lleva a la sociedad a ninguna parte.

Aunque la verdad sea un objetivo esquivo, incluso en su mejor versión, los hombres y mujeres que se dediquen al oficio de periodistas, deben estar dispuestos a perseguirla hasta encontrar su mejor versión.

Para un periodista evitar caer en distorsión de la verdad y lograr ser preciso en las primeras horas de un suceso, cuando ser veraz es más difícil, circunscribirse a los hechos es, quizás, lo más importante, para ser más exacto y evitar el baldón del desmentido, que tanta vergüenza causa.

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