El gobierno tiene planes para ganar
Las elecciones de Haití. No importa por quien votaron...
De Diario Libre.com
Una cruenta lucha por Sweet Micky
¿Será que la increíble calma que ha vivido Haití durante meses después del devastador terremoto finalmente ha terminado? El 7 de diciembre la junta electoral anunció los resultados preliminares que permitirían que el protegido de René Préval, el impopular presidente, participara en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en enero a costa de un popular músico. Convencidos de que el gobierno está tratando de robarse las elecciones, los manifestantes lanzaron basura, quemaron barricadas y prendieron fuego a la sede del partido de gobierno. Las líneas aéreas cancelaron vuelos a Haití.
El conteo le dio 31% de los votos a Mirlande Manigat, un académico. Un asustado portavoz de la junta anunció que el hombre de Préval, un poco conocido pero conspicuamente bien financiado ingeniero, obtuvo 22.5%, justo por encima de Michel "Sweet Micky" Martelly (21.8%), un músico conocido por sus obscenas presentaciones en el escenario quien se ha convertido en un favorito entre los desposeídos urbanos.
La embajada de los Estados Unidos abruptamente declaró que los resultados eran "inconsistentes" con los informes de los numerosos observadores de las elecciones. Una encuesta de salida de las elecciones realizada por el Consejo Nacional de Observación de las Elecciones, un vigilante local que desplegó 5,500 monitores, determinó que la señora Manigat y Martelly eran los que habían obtenido mayor número de votos. Los Estados Unidos exhortaron al gobierno y a la junta respetar "la voluntad popular". Lo mismo hizo anteriormente Edmond Mulet, el representante de la misión de las Naciones Unidas en Haití, quien amenazó con retirar los donantes extranjeros "si no se respeta la decisión de la gente".
Pero ¿cuál es la voluntad popular? Solo 1.1 millón del electorado potencial de 4.7 millones logró votar. "¿La voluntad de los que votaron? ¿De los que objetaron los votos? O ¿de los que no pudieron votar?" se preguntaba un editorial del periódico Le Nouvelliste. Diez de los 19 candidatos presidenciales reclaman la anulación de las elecciones. Al igual que muchos haitianos. A su ciénaga de razones - la exclusión de algunos partidos políticos, una rampante epidemia de cólera y la privación de los derechos civiles de muchos el día de las elecciones - ahora le pueden agregar una junta electoral que parece que no sabe contar.
© 2010 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
El conteo le dio 31% de los votos a Mirlande Manigat, un académico. Un asustado portavoz de la junta anunció que el hombre de Préval, un poco conocido pero conspicuamente bien financiado ingeniero, obtuvo 22.5%, justo por encima de Michel "Sweet Micky" Martelly (21.8%), un músico conocido por sus obscenas presentaciones en el escenario quien se ha convertido en un favorito entre los desposeídos urbanos.
La embajada de los Estados Unidos abruptamente declaró que los resultados eran "inconsistentes" con los informes de los numerosos observadores de las elecciones. Una encuesta de salida de las elecciones realizada por el Consejo Nacional de Observación de las Elecciones, un vigilante local que desplegó 5,500 monitores, determinó que la señora Manigat y Martelly eran los que habían obtenido mayor número de votos. Los Estados Unidos exhortaron al gobierno y a la junta respetar "la voluntad popular". Lo mismo hizo anteriormente Edmond Mulet, el representante de la misión de las Naciones Unidas en Haití, quien amenazó con retirar los donantes extranjeros "si no se respeta la decisión de la gente".
Pero ¿cuál es la voluntad popular? Solo 1.1 millón del electorado potencial de 4.7 millones logró votar. "¿La voluntad de los que votaron? ¿De los que objetaron los votos? O ¿de los que no pudieron votar?" se preguntaba un editorial del periódico Le Nouvelliste. Diez de los 19 candidatos presidenciales reclaman la anulación de las elecciones. Al igual que muchos haitianos. A su ciénaga de razones - la exclusión de algunos partidos políticos, una rampante epidemia de cólera y la privación de los derechos civiles de muchos el día de las elecciones - ahora le pueden agregar una junta electoral que parece que no sabe contar.
© 2010 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
De Diario Libre.com