Schneider Ilyse, hijo de una tragedia latente, busca su familia .
Deambula por las calles de la Capital y dice tener familiares en Canadá y Miami.
Schneider Ilyse
SANTO DOMINGO.- Aún están latentes las secuelas del devastador terremoto del pasado 12 de enero en Haití. Un país arropado por un manto de luto. Ciudades destruidas y un seísmo que es considerado el más fuerte en los últimos 200 años. Miles de niños quedaron vulnerables.
La dramática situación que vive el niño Schneider Ilyse es un ejemplo de ello. Con sólo 14 años tiene 23 días deambulando por las calles del país, durmiendo en condiciones precarias y alimetándose de lo que aparece.
La dramática situación que vive el niño Schneider Ilyse es un ejemplo de ello. Con sólo 14 años tiene 23 días deambulando por las calles del país, durmiendo en condiciones precarias y alimetándose de lo que aparece.
Aún guarda la esperanza de contactar a varios de sus familiares que viven en el exterior. ¨Tengo una tía llamada Rosita Michele Ilysse y un tío de parte de mi padre que viven en la ciudad de Miami, Estados Unidos. Y un hermano de mi madre Fername Choisil vive en la ciudad de Otawa en Canadá. Aún no tengo sus teléfonos, pero un amigo en Haití buscará el teléfono para comunicarme con ellos¨, manifestó Schneider.
Según Schneider sus padres fallecieron durante el terremoto. Mientras cuenta su tragedia el trauma se refleja en sus ojos; sus palabras irradian una inocencia marcada por el rigor del desamparo, sus ojos divagan y recuerdan los días de humareda levantada por los derrumbes.
Antes de la tragedia Schneider cursaba el 8vo curso en el College Mixte Jean Mary Desir. Lo que parecía una vida normal se convirtió en todo un infierno después del acontecido terremoto.
Él no sabe, ni tiene idea de que pasará con su vida. Tras la muerte de sus padres burla las autoridades fronterizas de una manera usual, tras un contacto dominicano -del cual no específico nombre- dedicado a traficar haitianos hacia el país. El, junto a diez ciudadanos haitianos, logra cruzar la frontera y son montados en un autobús en Jimaní con destino a la Capital dominicana.
Sus sueños hoy están truncados. Sostuvo que se acercó a las oficinas de Conani para ver que ocurría con su situación pero no obtuvo ningún resultado. ¨Cuando fui a Conani me enviaron al de San Cristóbal me fui caminando y no me quedé, ya que no me podía quedar encerrado en un espacio y si ocurre un terremoto igual, que pasará conmigo¨.
Vía telefónica Lourdes Rodríguez de la oficina de Relaciones Públicas de Conani manifestó que ¨hay un Protocolo de Protección para Niños, Niñas y Adolescentes después del terremoto. Entidades como Conani trabajan de la mano con Migración, Organismos Internacionales como Unicef, distintas entidades gubernamentales y privadas para proteger y dar asistencia a casos como el de este niño. Los niños que llegan o son llevados a Conani son evaluados por un equipo especializado que le ofrece un seguimiento constante para retornar a esos niños a una vida estable, un seno familiar que le otorgue sus derechos y libertades¨.
Huyendo de la desolación de Haití, Schneider vive en la calle, no tiene documentación legal y no ha podido continuar asistiendo a la escuela. Pero Schneider, sueña con tener una vida diferente, dejar los traumas del pasado. El sabe y tiene claro que las calles no son un lugar para un niño.
Antes de la tragedia Schneider cursaba el 8vo curso en el College Mixte Jean Mary Desir. Lo que parecía una vida normal se convirtió en todo un infierno después del acontecido terremoto.
Él no sabe, ni tiene idea de que pasará con su vida. Tras la muerte de sus padres burla las autoridades fronterizas de una manera usual, tras un contacto dominicano -del cual no específico nombre- dedicado a traficar haitianos hacia el país. El, junto a diez ciudadanos haitianos, logra cruzar la frontera y son montados en un autobús en Jimaní con destino a la Capital dominicana.
Sus sueños hoy están truncados. Sostuvo que se acercó a las oficinas de Conani para ver que ocurría con su situación pero no obtuvo ningún resultado. ¨Cuando fui a Conani me enviaron al de San Cristóbal me fui caminando y no me quedé, ya que no me podía quedar encerrado en un espacio y si ocurre un terremoto igual, que pasará conmigo¨.
Vía telefónica Lourdes Rodríguez de la oficina de Relaciones Públicas de Conani manifestó que ¨hay un Protocolo de Protección para Niños, Niñas y Adolescentes después del terremoto. Entidades como Conani trabajan de la mano con Migración, Organismos Internacionales como Unicef, distintas entidades gubernamentales y privadas para proteger y dar asistencia a casos como el de este niño. Los niños que llegan o son llevados a Conani son evaluados por un equipo especializado que le ofrece un seguimiento constante para retornar a esos niños a una vida estable, un seno familiar que le otorgue sus derechos y libertades¨.
Huyendo de la desolación de Haití, Schneider vive en la calle, no tiene documentación legal y no ha podido continuar asistiendo a la escuela. Pero Schneider, sueña con tener una vida diferente, dejar los traumas del pasado. El sabe y tiene claro que las calles no son un lugar para un niño.
De Roira Sánchez