Millones despilfarrados
Las primarias más recientes. Ni el dinero ni la dinastía garantiza el éxito.
Jeff Greene
Es sorprendente lo poco que $25 millones compran hoy día; por otra parte $50 millones es algo con lo que se puede trabajar. Esa parece ser la moraleja que los eruditos están obteniendo de las primarias en la Florida, donde los novicios políticos de relumbrante riqueza gastaron pequeñas (según su estándar) fortunas aspirando a la nominación demócrata para senador y la republicana para gobernador.
Al final, los aproximadamente $25 millones gastados por Jeff Greene, un magnate inmobiliario, en la carrera por la senaduría le proporcionó menos de una tercera parte de los votos -a $90 cada uno. Pero los $50 millones que Rick Scott, un empresario de hospitales, derrochó en la competencia por la posición de gobernador le aseguraron una mísera victoria.
Los dos multimillonarios son candidatos improbables. Greene se ganó una fortuna apostando a que la burbuja inmobiliaria reventaría y, por lo tanto se benefició, en cierta forma, de la actual miseria de millones de propietarios de viviendas en la Florida. No le ayudó el haberse postulado (sin éxito) para el congreso republicano en la década de los años 80, hacía solo dos años que se había mudado a la Florida y siempre se está metiendo en líos relacionados a su yate de 145 pies y las celebridades que lo visitan.
Por su lado, Scott creó una cadena de hospitales que pagó $1.7 mil millones para saldar cargos por estafar al gobierno durante su período como ejecutivo principal. Él sostiene que no estaba consciente de haber cometido ninguna falta, pero no permitió que este aparente descuido le impidiera postularse como un capaz hombre de negocios.
Ambos candidatos enfrentaban políticos de carrera con sus propios pasados vergonzosos. Kendrick Meek, quien le ganó a Greene, ayudó a conseguir asistencia gubernamental cuando era congresista para un desarrollador quien había contratado a su madre como asesora. Bill McCollum, el oponente de Scott y Procurador General de la Florida, es un deslustrado militante quien ha fracasado dos veces en su intento por obtener un escaño en el Senado. Su rebelión contra el partido local, quien le apoyaba, puede haber interferido en su derrota.
También parece que republicanos rebeldes han depuesto a su senadora en funciones, Lisa Murkowski, como su candidata en Alaska. Con casi todos los votos contados ella se encontraba 2% detrás de Joe Miller, un candidato del motín del té, respaldado por Sarah Palin, la ex gobernadora del estado y muy querida por el populismo conservador. Pero no todos los acusados de ser RINO (republicanos sólo de nombre, por sus siglas en inglés) fueron derrotados: John McCain, un senador de Arizona y ex candidato presidencial, eliminó con facilidad a su rival del motín del té.
Fue realmente difícil obtener una lección consistente de los resultados. El ser miembro de una dinastía política prominente no parece haber ayudado mucho a Murkowski, pero Ben Quayle, el hijo del ex vicepresidente Dan, obtuvo la nominación republicana para un escaño congresual con inclinaciones de derecha en Arizona. Y como demostraron los señores Greene y Scott, el poseer una cuantiosa fortuna no es garantía de éxito.
© 2010 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Al final, los aproximadamente $25 millones gastados por Jeff Greene, un magnate inmobiliario, en la carrera por la senaduría le proporcionó menos de una tercera parte de los votos -a $90 cada uno. Pero los $50 millones que Rick Scott, un empresario de hospitales, derrochó en la competencia por la posición de gobernador le aseguraron una mísera victoria.
Los dos multimillonarios son candidatos improbables. Greene se ganó una fortuna apostando a que la burbuja inmobiliaria reventaría y, por lo tanto se benefició, en cierta forma, de la actual miseria de millones de propietarios de viviendas en la Florida. No le ayudó el haberse postulado (sin éxito) para el congreso republicano en la década de los años 80, hacía solo dos años que se había mudado a la Florida y siempre se está metiendo en líos relacionados a su yate de 145 pies y las celebridades que lo visitan.
Por su lado, Scott creó una cadena de hospitales que pagó $1.7 mil millones para saldar cargos por estafar al gobierno durante su período como ejecutivo principal. Él sostiene que no estaba consciente de haber cometido ninguna falta, pero no permitió que este aparente descuido le impidiera postularse como un capaz hombre de negocios.
Ambos candidatos enfrentaban políticos de carrera con sus propios pasados vergonzosos. Kendrick Meek, quien le ganó a Greene, ayudó a conseguir asistencia gubernamental cuando era congresista para un desarrollador quien había contratado a su madre como asesora. Bill McCollum, el oponente de Scott y Procurador General de la Florida, es un deslustrado militante quien ha fracasado dos veces en su intento por obtener un escaño en el Senado. Su rebelión contra el partido local, quien le apoyaba, puede haber interferido en su derrota.
También parece que republicanos rebeldes han depuesto a su senadora en funciones, Lisa Murkowski, como su candidata en Alaska. Con casi todos los votos contados ella se encontraba 2% detrás de Joe Miller, un candidato del motín del té, respaldado por Sarah Palin, la ex gobernadora del estado y muy querida por el populismo conservador. Pero no todos los acusados de ser RINO (republicanos sólo de nombre, por sus siglas en inglés) fueron derrotados: John McCain, un senador de Arizona y ex candidato presidencial, eliminó con facilidad a su rival del motín del té.
Fue realmente difícil obtener una lección consistente de los resultados. El ser miembro de una dinastía política prominente no parece haber ayudado mucho a Murkowski, pero Ben Quayle, el hijo del ex vicepresidente Dan, obtuvo la nominación republicana para un escaño congresual con inclinaciones de derecha en Arizona. Y como demostraron los señores Greene y Scott, el poseer una cuantiosa fortuna no es garantía de éxito.
© 2010 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
De Diario Libre