Síndrome Metabólico
El peligroso aliado de la diabetes y la hipertensión
El síndrome metabólico es una patología que afecta a un 30% de la población dominicana y al un 60% de la mundial. José Manuel Rodríguez
Santiago. Si observa que su cuerpo en vez de pera, tiene forma de manzana, es decir, abultado en la cintura, coja una cinta y tómese la medida para determinar si padece del síndrome metabólico.
El síndrome metabólico no sólo se caracteriza por la falta de estética en su cuerpo, es un grupo de cuadros que lo ponen en riesgo de desarrollar una enfermedad cardiaca y diabetes por el exceso de grasa en la cintura.
El doctor Daniel Rivera, médico internista y director médico de la Clínica Unión Médica, explica lo fácil que resulta determinar si se padece o no la enfermedad; las mujeres no deben tener más de 80 centímetros de cintura y los hombres no más de 94, si se exceden estas cifras y además tienen los brazos más gruesos, es una clara señal de sufrir esta patología que afecta a un 30 por ciento de los dominicanos y a un 60 por ciento de la población mundial.
Rivera establece una diferencia en la obesidad y el síndrome metabólico. En la primera no hay riesgo de contraer hipertensión o diabetes, siempre y cuando la cintura esté definida, por el contrario, una persona que no tenga su cintura bajo la medida señalada corre mayor riesgo de contraer otro tipo de enfermedad.
La causa se encuentra en la sobrealimentación, malnutrición y el sedentarismo que caracteriza al mundo de hoy. Los excesos de carbohidratos derivados de los azúcares, las grasas y las harinas, se convierten en insulina, una hormona que produce el cuerpo para ayudar a convertir el azúcar proveniente de los alimentos en energía para el organismo. "Si usted tiene resistencia a la insulina, se acumula un exceso de azúcar en la sangre, preparando el escenario para la aparición de la enfermedad", dice Rivera.
"Esto favorece que los pacientes pasen a ser diabéticos tipo II. Muchos obesos van a mi consultorio preocupados por su apariencia, pero yo advierto que es más que eso, sé que en los próximos años (cinco a diez años) será un hipertenso y/o diabético."
Para combatir o prevenir este síndrome hay que reeducarse en la correcta alimentación, aprendiendo a comer bajo en sales, azúcares y grasas, y no solamente los alimentos procesados, existen algunos alimentos naturales como las papas y zanahorias que tienen mucho carbohidratos aunque no se sientan muy dulces, sin embargo, otros alimentos como las manzanas, sandía, lechosa y melón, a pesar de su sabor dulce, no contienen tantos azúcares y por el contrario tienen nutrientes que ayudan a eliminar la cantidad de potasio en la sangre y por lo tanto a prevenir enfermedades cardiovasculares.
Pero cada día la tendencia es a comer alimentos procesados y en exceso. "En los supermercados solo hay un 10 por ciento de vegetales en exhibición, y el resto comida procesada, las cuales tienen muchas sustancias conservantes y saborizantes, lo cual aumenta el apetito, fíjate que cuando tú comes pesado de noche, al otro día amaneces con más hambre, porque hay un estímulo insulínico".
Otro elemento es el consumo masivo de la llamada comida rápida, que según el entrevistado tiene este calificativo no porque se hace rápido sino porque se consume rápido, lo cual es nocivo para el metabolismo, al igual que el stress y la confusión de la sed con el hambre. Esta comida es muy demandada, explica, porque tiene tres elementos que seducen el apetito; azúcar, sal y grasa. "A mayor cantidad de carbohidratos más se abre el apetito".
El sedentarismo es otra causa, y para muestra un botón, el médico internista sostiene que las mujeres de 80 y 90 años de edad, que tenían hábitos sanos de alimentación y todavía realizan actividades laborales se mantienen en buen peso. Sin embargo, es alarmante el número de jovencitas que padecen del síndrome, al igual que las mujeres de 50 que sufren los efectos de la menopausia y es que ahora, la gente prefiere un ascensor que subir las escaleras y caminar es cosa del pasado.
Un estudio realizado por la Revista de Epidemiología de Nueva York, en marzo del 2009, determinó que la proporción de la cintura de una madre influye en el coeficiente intelectual de los niños, es decir que las que padecen del síndrome alumbraron niños menos inteligentes. Como concluye el doctor Rivera, prevenir el síndrome metabólico no es sólo cuestión de belleza, se trata de salud.
El síndrome metabólico no sólo se caracteriza por la falta de estética en su cuerpo, es un grupo de cuadros que lo ponen en riesgo de desarrollar una enfermedad cardiaca y diabetes por el exceso de grasa en la cintura.
El doctor Daniel Rivera, médico internista y director médico de la Clínica Unión Médica, explica lo fácil que resulta determinar si se padece o no la enfermedad; las mujeres no deben tener más de 80 centímetros de cintura y los hombres no más de 94, si se exceden estas cifras y además tienen los brazos más gruesos, es una clara señal de sufrir esta patología que afecta a un 30 por ciento de los dominicanos y a un 60 por ciento de la población mundial.
Rivera establece una diferencia en la obesidad y el síndrome metabólico. En la primera no hay riesgo de contraer hipertensión o diabetes, siempre y cuando la cintura esté definida, por el contrario, una persona que no tenga su cintura bajo la medida señalada corre mayor riesgo de contraer otro tipo de enfermedad.
La causa se encuentra en la sobrealimentación, malnutrición y el sedentarismo que caracteriza al mundo de hoy. Los excesos de carbohidratos derivados de los azúcares, las grasas y las harinas, se convierten en insulina, una hormona que produce el cuerpo para ayudar a convertir el azúcar proveniente de los alimentos en energía para el organismo. "Si usted tiene resistencia a la insulina, se acumula un exceso de azúcar en la sangre, preparando el escenario para la aparición de la enfermedad", dice Rivera.
"Esto favorece que los pacientes pasen a ser diabéticos tipo II. Muchos obesos van a mi consultorio preocupados por su apariencia, pero yo advierto que es más que eso, sé que en los próximos años (cinco a diez años) será un hipertenso y/o diabético."
Para combatir o prevenir este síndrome hay que reeducarse en la correcta alimentación, aprendiendo a comer bajo en sales, azúcares y grasas, y no solamente los alimentos procesados, existen algunos alimentos naturales como las papas y zanahorias que tienen mucho carbohidratos aunque no se sientan muy dulces, sin embargo, otros alimentos como las manzanas, sandía, lechosa y melón, a pesar de su sabor dulce, no contienen tantos azúcares y por el contrario tienen nutrientes que ayudan a eliminar la cantidad de potasio en la sangre y por lo tanto a prevenir enfermedades cardiovasculares.
Pero cada día la tendencia es a comer alimentos procesados y en exceso. "En los supermercados solo hay un 10 por ciento de vegetales en exhibición, y el resto comida procesada, las cuales tienen muchas sustancias conservantes y saborizantes, lo cual aumenta el apetito, fíjate que cuando tú comes pesado de noche, al otro día amaneces con más hambre, porque hay un estímulo insulínico".
Otro elemento es el consumo masivo de la llamada comida rápida, que según el entrevistado tiene este calificativo no porque se hace rápido sino porque se consume rápido, lo cual es nocivo para el metabolismo, al igual que el stress y la confusión de la sed con el hambre. Esta comida es muy demandada, explica, porque tiene tres elementos que seducen el apetito; azúcar, sal y grasa. "A mayor cantidad de carbohidratos más se abre el apetito".
El sedentarismo es otra causa, y para muestra un botón, el médico internista sostiene que las mujeres de 80 y 90 años de edad, que tenían hábitos sanos de alimentación y todavía realizan actividades laborales se mantienen en buen peso. Sin embargo, es alarmante el número de jovencitas que padecen del síndrome, al igual que las mujeres de 50 que sufren los efectos de la menopausia y es que ahora, la gente prefiere un ascensor que subir las escaleras y caminar es cosa del pasado.
Un estudio realizado por la Revista de Epidemiología de Nueva York, en marzo del 2009, determinó que la proporción de la cintura de una madre influye en el coeficiente intelectual de los niños, es decir que las que padecen del síndrome alumbraron niños menos inteligentes. Como concluye el doctor Rivera, prevenir el síndrome metabólico no es sólo cuestión de belleza, se trata de salud.
De Mercedes Guzmán
diariolibre.com