El Duque: La pelota es una bendición para mí
Orlando "El Duque'' Hernández tiene subrayado en su calendario una palabra: septiembre.
Para ese mes, el veterano lanzador cubano espera, como suele decir él, "con el favor de Dios'' vestir el uniforme de los Nacionales de Washington para su último recorrido por las Grandes Ligas.
"He trabajado mucho para que se me cumpla eso'', expresó El Duque. "Uno dce mis sueños es estar con Liván [su medio hermano] en el mismo equipo. Ya una vez estuvimos cerca de jugar juntos, pero no pudo ser. Quizá ahora''.
Durante la primavera del 2003, todo estaba listo para que Orlando y Liván formaran parte de la rotación de los Expos, pero las lesiones impidieron que el ex lanzador de los Industriales y los Yankees laborase para el hoy desaparecido conjunto canadiense.
Por lo pronto, El Duque se conforma con enfundarse en la franela de los Senadores de Harrisburg, el equipo de Doble A de los Nacionales y, tal vez, la parada previa antes de recalar en la gran carpa.
El cubano, que realizó su primera salida con el equipo el martes por la noche, demostró que aún no ha olvidado cómo sacar outs al ponchar a tres bateadores de los Mets de Binghamton con una variedad de curvas y rompimientos.
"Mi interés ahora es demostrarle a los Nacionales que pueden contar conmigo, que no vengo por un capricho personal'', indicó Orlando, quien no permitió un hit sin carrera y regaló dos boletos en 2.1 entradas. "Si el equipo necesita a alguien, estoy listo''.
De momento, los Senadores están encantados de tener a alguien de tanta experiencia como Orlando dentro de un equipo que tiene varios jóvenes peloteros latinos, incluyendo al cubano Hassan Peña.
Peña, que nació en la Habana y creció idolizando a El Duque, tuvo la suerte de continuar la labor de Orlando en el choque perdido por Harrisburg 7-1 a manos de la filial Doble A de los Mets.
Aunque en épocas diferentes, ambos comparten el vínculo común de haber jugado para los Industriales.
"Esto es increíble'', expresó Peña, de 25 años, a la prensa de Harrisburg. "No encuentro palabras para describir mi emoción. Es una persona muy humilde. Hay mucho que aprender de él''.
El Duque no lanza en el béisbol de nivel desde diciembre del año pasado, cuando incursionó en la pelota venezolana con los Bravos de Margarita, con los que dejó un promedio de carreras limpias de 3.27, con 27 ponches y 14 boletos en 33 innings.
No sube a un montículo de las Mayores desde la campaña del 2007, cuando finalizó con balance de 9-5 y 3.72 de efectividad con los Mets. No pudo actuar en el 2008 debido a una serie de lesiones y dos operaciones
A pesar de su progreso, Orlando entiende que su llegada a las Mayores podría no ocurrir. Ya en la temporada anterior experimentó dos decepciones con los Rangers de Texas y los Marineros de Seattle.
Pero el estar inmerso y totalmente ocupado en el béisbol ha sido una especie de bálsamo luego de varios meses agitados en los que enfrentó problemas ajenos al deporte que le ha hecho famoso.
"El sólo hecho de vestir un uniforme y jugar es como un balón de oxígeno'', indicó el cubano. "Me ayuda a vivir, a seguir adelante. La pelota es una bendición para mí''.