La Costa Norte Radio

¿QUÉ FALLÓ EN EL TURISMO DE PUERTO PLATA?

Lo que falló en el desarrollo turístico de Puerto Plata es lo que está fallando en todo el país:
 
El abogado David La Hoz enumeró varias razones por la cual ha disminuido la actividad turística en el destino de Puerto Plata ubicado en la Costa Norte de la República Dominicana.

Por medio de un artículo que La Hoz titula: “Qué falló en el turismo de Puerto Plata”, el profesional del Derecho, cita entre otras razones, la falta de un ordenamiento y la ausencia de una estructura institucional que responda a la característica de este polo turístico.

El artículo del doctor La Hoz, enviado a la redacción del periódico puertoplatadigital.com, señala textualmente:

Lo que falló en el desarrollo turístico de Puerto Plata es lo que está fallando en todo el país: la inexistencia de ordenamiento territorial y la ausencia de una estructura institucional que responda a las características técnico-institucionales de una ciudad o polo turístico conforme a una política pública en materia de turismo bien definida y mejor aplicada, es decir, sin el sobre salto de una cementera, una refinería de petróleo o un daño irreparable al medio ambiente producto de un desarrollo urbanístico mal definido y peor aplicado.

Me explicó. Cuando usted realiza un estudio sobre las posibilidades de implementación de un sostenido desarrollo turístico usted tiene que observar el desarrollo por fase de dicho desarrollo, en el caso de Puerto Plata -que fue estudiada conjuntamente con todo el país-, los resultados arrojaron que era por dicha provincia donde debía arrancar la política pública del turismo dominicano dado el hecho de que superaba a Santo Domingo en cuanto a atractivos socio culturales e históricos, pero sobre todo en recursos naturales. Y así se hizo.

Aquella decisión obedeció a que los recursos bases para un sostenido desarrollo estaban dados en la ciudad del teleférico como en su entorno.

Nadie discutió a lo largo de la década de los años 70 la primacía turística de la ciudad de la Loma Isabel de Torres, todavía en los ochenta se entendía imposible superar a la Novia del Atlántico, pero ya para esta década iniciaron los errores, pues conjuntamente con el desarrollo turístico se formuló una política de fomento al desarrollo de zonas francas, así la economía del postre entonces en boga, que se complementaba armónicamente con los servicios turísticos, comenzó a afrontar dificultades pues las zonas francas fomentaron migraciones de todo el país e incluso desde Haití hacia la tierra de Juan Lockward.

De  pronto, el puertoplateño sintió que perdía su ciudad de la noche a la mañana pues sus calles ya no estaban atestadas solo de turistas sino también de patanas, de vertederos y de emigrantes que buscaban una oportunidad de trabajo en una empresa de Zona Franca.

Simultáneamente, fue expandiéndose la marginalidad social, es decir, el urbanismo proletario cuyo ejemplo más emblemático es el barrio “El Tablón de Sosúa, el cual está ubicado en un hermoso farallón sobre un lindo río con una vista fantástica a la bahía pero que contrasta con los modernos resorts de la zona, vierte deshechos permanentemente al río y estos van a parar a la playa.

La delincuencia fue ganando terreno y las autoridades de la ciudad, la municipalidad, fue incapaz en sus diferentes administraciones de entender lo que allí estaba ocurriendo, es decir no entendieron el problema.

Como si lo anterior fuese poco, comenzaron a instalarse grandes centrales eléctricas que en su momento no solo lanzaban humo negro a la atmosfera que iban a parar a las blancas cortinas y sábanas de las camas y mesas de los hoteles sino que contaminaban de vez en cuando las playas de la Novia del Atlántico como consecuencia de derrames de petróleo y limpieza de barcos cargueros.

Es decir, no se definió una política pública consona con la implementación del turismo.

Por otra parte, el turismo de crucero -que siempre fue el fuerte de Puerto Plata- nunca recibió el adecuado respaldo del gobierno, es decir el muelle de Puerto Plata, a pesar de la avalancha de dólares que ocasionaba en toda la ciudad, nunca ha sido un muelle turístico sino un muelle de carga.

Este ha sido otro grave error, pues ocasionó la desaparición del turismo de cruceros el cual es el más democrático de todos y fue el que convenció a todos en el país de la conveniencia de fomentar el turismo, pues dada la premura de tiempo con que bajan a los poblados los turistas de cruceros, compran a primera vista todo lo que encuentran a su paso.

El turismo cultural fue descuidado. El carácter de ciudad victoriana no ha recibido impulso ni siquiera en lo referente a la Casa del General Gregorio Luperon; las ruinas de la ciudad de la Isabela tampoco han sido dotadas de accesos. En los últimos años ni siquiera el Solar de las Américas y la iglesia donde se ofició la primera misa católica en tierras de América provocan desplazamientos de las autoridades como ocurría los días 5 de enero de cada año, pues no existe acceso a dicho lugar.

La misión española que trabajaba en la zona en temas arqueológicos ha desaparecido.

Lo único que se escucha con estruendo por ahí y desde hace unos años es que próximamente será instalada cerca del lugar una poderosa cementera.

Es decir, se han dado señales cuando menos difusas sobre el destino turístico de Puerto Plata, así, inversiones muy cuantiosas que podrían con mucho superar por ejemplo a Punta Cana, se han ido a pique como consecuencia de la irracional señal que viene del gobierno central.

Pues, por ejemplo, para detener la cementera debió venir una misión de Naciones Unidas contratada por el Estado dominicano, a convencer al propio gobierno de la improcedencia de esa cementera.

La bahía de Luperon muere junto a sus manglares sin que Medio Ambiente se entere, como muere Cabarete en materia ambiental. ¿Cuánta inversión se desestimuló en el ínterin? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que como destino turístico Puerto Plata va en picada.

La ausencia de una política pública clara se ha visto afectada también por la tendencia del Estado Dominicano a improvisar ministros de turismo, siempre se ha colocado allí -salvo honrosas excepciones que no hacen sino justificar las reglas- a políticos, éstos llevan una agenda propia siempre divorciada de las necesidades del turismo, siempre al margen de la opinión de los técnicos o del sector privado, ya cuando comienzan a entender algo sobre turismo son destituidos por el César, o porque sus objetivos son otros.

Algunos han ido a competir con el sector privado, pues la clase política de dominicana compite con el empresariado nacional e internacional, en violación flagrante al principio boschista de que al estado se va a servir.

Otros tienen aspiraciones políticas propias y se consideran asimismo aves de paso por dicho Ministerio. El tema ha llegado a un grado tal que ya el sector privado ha aceptado como regla que el Ministerio de Turismo sea el asiento de un político sin capacitación ni comprensión de las necesidades del turismo.

Otro tanto ocurre en los planos congresual y municipal, aquí tampoco existen funcionarios en capacidad de comprender lo que tienen entre manos.

La coordenada bochista de que cada ministro tuviere una capacitación no improvisada en el área de su desempeño ha sido sustituida por la noción centralizada de cadena de mandos sin posibilidad institucional que ha puesto en marcha y caracteriza a sus gobiernos, el Presidente Fernández.

Puerto Plata no sabe hoy en día si es una gran zona franca, una cementera, una refinería de petróleo o un vertedero, lo que si está claro es que no es ya una ciudad turística, pues el Estado que en sus inicios fomentó el turismo, es el mismo que se ha encargado de destruirlo después al desarticular las comisiones de turismo y no dar al Ministerio el poder suficiente para reorientar y definir la política a aplicar en función de intereses turístico de ciudad-ayuntamiento.

A grosso modo podemos concluir diciendo que la suerte de Puerto Plata, como la del turismo de todo el país, dependerá de la capacidad del Estado dominicano para ejecutar políticas públicas coherentes e institucional en materia de turismo, en la cual exista una coordinación entre los entes públicos y una participación efectiva del sector privado en la elaboración de dicha política, pues el nudo del asunto estriba en que el desarrollo logrado exige la descentralización, la institucionalización que lleven a una seguridad jurídica tanto para inversionista nacional e internacional del sector, como a seguridad para el consumidor o turista de que dispondrá de calles iluminadas, bien asfaltadas y bien señalizadas, que pueda comer en cualquier parador productos de calidad y con buena higiene, sin estar a expensas de que tendrán una refinería de petróleo o una cementera a pocas cuadras del hotel donde estén alojados, es decir, una conciencia turística que permita dirimir institucionalmente cualquier conflicto administrativo o judicial que se le presente. 
puertoplatadigital.com
Facilitado por Blogger