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Benjamin Bratt, opciones del corazón

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La Mission es una película fuerte con un tema raro en el cine comercial: el conflicto que ocurre en el interior de una familia de ascendencia hispana en una metrópolis moderna, cuando las tradiciones del pasado chocan con la libertad de opción sexual. En este caso, cuando un muchacho latino se declara gay y enfrenta no solamente el rechazo instantáneo, sino la violenta oposición de los miembros de su cultura.

La cinta, que llega a selectos cines del sur de la Florida hoy, marca la segunda colaboración cinematográfica entre el actor Benjamin Bratt y su hermano mayor, Peter Bratt, quien dirige su guión original. La primera fue el drama Follow Me Home (1996), en el que actuó Salma Hayek.

El resultado de La Mission es una producción independiente, con excelentes actuaciones y momentos devastadores.

``Mi hermano ha creado una historia que es una meditación sobre la violencia. Cuando la estaba escribiendo se sentía inquieto sobre cómo, en un nivel inconsciente, la sociedad --no solamente la cultura latina-- acepta la violencia en nuestras vidas cotidianas sin pestañear'', afirma Bratt en entrevista con El Nuevo Herald desde Los Angeles.

La Mission explora lo que Bratt clasifica como una especie de ``sensibilidad violenta y rapaz'' dentro del marco de una comunidad latina en San Francisco, en la que un padre, Che Rivera, con sus propias tendencias violentas y su tradición machista, no sabe como interpretar la preferencia sexual de su hijo.

Bratt personifica a Rivera con la misma convicción actoral que le hemos visto en su trayectoria fílmica, especialmente en cintas aclamadas como Piñero (2001), dirigida por León Ichaso y en la que actuó con su esposa, Talisa Soto, con la que tiene dos hijos. El actor de ascendencia peruana-alemana se sumerge tan profunda y convincentemente en el papel de Rivera que olvidamos que es un artista interpretando a una creación de ficción que encarna las actitudes homofóbicas de un hombre ``duro'' dentro de las sociedades hispanas.

``La trama está ambientada en un lugar cultural y geográficamente específico y, sin embargo, Rivera es una figura que reconocemos dentro del cine [convencional], cortado con la misma tijera de algunos personajes en las primeras películas de Clint Eastwood, o del Al Pacino de Scarface, de personajes encarnados por Marlon Brando, e incluso del personaje de Jason Bourne, en el sentido de que es un hombre que navega dentro de la violencia y la fuerza''.

Como Bratt señala muy claramente, es el tipo de héroe que ``celebramos'' no solamente dentro de la cultura cinematográfica sino en la misma vida real.

``Hemos sido [programados] por la sociedad para venerar al que logra hacer su trabajo'', sostiene. ``[Peter] ha creado un personaje que podemos reconocer de inmediato y responder a él de una forma positiva. Después, destapa cada capa de su personalidad cuando debe enfrentar una situación que no puede resolver con los puños o un arma de fuego: un hijo gay que lo obliga a tomar una nueva dirección [en su vida]''.

Bratt relata que cuando intentaron financiar la película, inicialmente dentro del circuito hollywoodense, enfrentaron comentarios que les sorprendieron: ¿Por qué deseaban explorar la temática gay y la homofobia, cuando ya habían sido dramatizadas en filmes como Brokeback Mountain?

``Eso niega completamente la realidad que dentro de comunidades minoritarias, y particularmente dentro de la latina, sigue siendo un tema tabú que no se discute abiertamente'', afirma.

De acuerdo con Bratt, el público que ha visto la película ha sido mayoritariamente latino, y en gran parte ha respondido con ``orgullo cultural''.

``La película refleja exitosamente una experiencia auténtica'', asevera el actor, y precisa la cuestión trascendental que para su hermano significa la esencia de la trama: ``¿Cuál es el deseo que verdaderamente habita dentro del corazón de cada ser humano?'' www.elnuevoherald.com

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