Tribunales dominicanos carecen de seguridad.
SANTO DOMINGO. Si Lisbeth Salander, la protagonista de la trilogía Millenium, entrara en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, de seguro se reiría del sistema de seguridad. Y es que el espacio que acoge a los principales tribunales del país no garantiza la seguridad de jueces, fiscales, abogados, ciudadanos, y en ocasiones, ni siquiera de los propios agentes del orden.
Esto último quedó demostrado el 2 de junio cuando dos policías resultaron heridos en una trifulca que armaron familiares de un condenado a 20 años de cárcel, descontentos con la decisión. Lamentablemente, no se trató de un caso aislado, ya que cuatro días después otro hecho similar alteró la solemnidad del lugar, despertando el temor entre quienes hacen vida ahí, de que los altercados en los pasillos se vuelvan comunes.
En términos generales, abogados, fiscales y jueces definen como "precaria" la situación de seguridad en el recinto y no esconden sus preocupaciones al respecto. "Esto aquí da pena", manifestó un fiscal consultado al respecto.
Las fallas detectadas en el sistema de seguridad de la edificación comienzan desde la entrada, con un detector de metales que lleva "par de días dañado". En sustitución, la tarea de inspeccionar a quiénes portan armas de fuego u objetos punzocortantes fue encomendada a un agente, quien, sensor en mano, intenta hacer el trabajo. Sin embargo, DL fue testigo de que en ocasiones se distrae hablando con compañeros y en ese ínterin los visitantes entran como "Pedro por su casa".
La inseguridad no es exclusiva de Ciudad Nueva. También se presenta en el recinto de la Feria, pero es más fuerte en la provincia Santo Domingo, donde jueces y fiscales deben abrirse paso entre la multitud para salir de las salas. "No hay seguridad dentro del salón de audiencias, no hay seguridad en los pasillos, tú tienes que desplazarte entre las personas...en realidad la seguridad es precaria, todo aquí es precario", afirma un fiscal asignado a la provincia Santo Domingo.
En todos los escenarios, la inseguridad en los pasillos es el lamento más escuchado porque ahí coinciden testigos, familiares de víctimas y victimarios, sin vigilancia policial. Esto, a sabiendas de que generalmente es aquí donde los ánimos se caldean y se descargan las frustraciones ganadas durante las audiencias. Algunas veces los enfrentamientos sólo son verbales, pero ya hay experiencias de agresiones físicas, y sin embargo, al parecer esto no preocupa a las autoridades, porque hasta ahora la vigilancia en esas áreas sólo se refuerza cuando se conocen los llamados "casos calientes", relativos a drogas, asesinatos y asociación de malhechores. "Yo creo que debería haber policías observando, caminando de aquí para allá", dice el abogado Marino García.
Otros litigantes piden evitar las aglomeraciones en los pasillos y limitar el número de personas en las salas de audiencia a fin de mantener un mínimo de seguridad.
También en los tribunales
La situación se extiende hasta los tribunales donde se celebran las audiencias. "Hay tribunales que sólo tienen un policía fijo", acota el abogado Rodolfo Valentín. Cuando se presentan estas situaciones, se refuerza con los policías que traen a los presos desde las cárceles.
Como ejemplo de esta realidad, un juez relató a DL que la semana pasada celebró una audiencia únicamente con un policía presente, y que ha tenido casos con múltiples acusados donde los custodios no pasan de tres.
Ante las limitaciones, muchos confiesan sus miedos. "Yo he leído sentencias con un pie en la puerta porque simplemente tú tienes la sensación, la impresión o el temor de que puedes ser objeto de una agresión por la parte que resulte perdedora", confesó un magistrado que pidió resguardo de su nombre.
Por razones obvias, cada juez debe tener un agente de seguridad asignado, pero en la práctica si algunos no "se la buscan" se quedan desprotegidos. "Yo tengo seguridad porque fui a la Policía y la gestioné", explicó otro magistrado.
Peor drama pasan algunos jueces de Atención Permanente, quienes tienen que salir a las doce de la noche "con el Santo Niño de Atocha" como única compañía.
El círculo de inseguridad por el que se mueven los jueces de estas jurisdicciones es mucho más abarcador. Hay tribunales en los que están obligados a entrar y salir por las puertas comunes, como el Primero de Instrucción, el Tercero y Quinto de Ciudad Nueva, porque las salas no han sido adecuadas para el Nuevo Código, que manda a los acusados a estar de frente al juez.
Fiscales la pasan peor
La situación a la que se exponen los fiscales es peor porque, aparte de que tienen que "hacer de abogados del Diablo", están de espaldas a los familiares de los acusados y hasta se encuentran a los presos en el baño. No tienen seguridad y salen por la misma puerta que los familiares de los condenados. Los fiscales se quejan de la falta de espacios para aislar a los testigos hasta la audiencia. Un fiscal apuntó que "en materia de drogas, los testigos están afuera y el acusado les pasa por el lado y los amenaza". Algunos recuerdan que en la gestión de José Manuel Hernández se creó la Oficina de Protección de Víctimas y testigos y "uno ahí guardaba a los testigos hasta que se llamaba a audiencia, pero ahora no se le está dando ese uso".
yalcántara@diariolibre.com
Esto último quedó demostrado el 2 de junio cuando dos policías resultaron heridos en una trifulca que armaron familiares de un condenado a 20 años de cárcel, descontentos con la decisión. Lamentablemente, no se trató de un caso aislado, ya que cuatro días después otro hecho similar alteró la solemnidad del lugar, despertando el temor entre quienes hacen vida ahí, de que los altercados en los pasillos se vuelvan comunes.
En términos generales, abogados, fiscales y jueces definen como "precaria" la situación de seguridad en el recinto y no esconden sus preocupaciones al respecto. "Esto aquí da pena", manifestó un fiscal consultado al respecto.
Las fallas detectadas en el sistema de seguridad de la edificación comienzan desde la entrada, con un detector de metales que lleva "par de días dañado". En sustitución, la tarea de inspeccionar a quiénes portan armas de fuego u objetos punzocortantes fue encomendada a un agente, quien, sensor en mano, intenta hacer el trabajo. Sin embargo, DL fue testigo de que en ocasiones se distrae hablando con compañeros y en ese ínterin los visitantes entran como "Pedro por su casa".
La inseguridad no es exclusiva de Ciudad Nueva. También se presenta en el recinto de la Feria, pero es más fuerte en la provincia Santo Domingo, donde jueces y fiscales deben abrirse paso entre la multitud para salir de las salas. "No hay seguridad dentro del salón de audiencias, no hay seguridad en los pasillos, tú tienes que desplazarte entre las personas...en realidad la seguridad es precaria, todo aquí es precario", afirma un fiscal asignado a la provincia Santo Domingo.
En todos los escenarios, la inseguridad en los pasillos es el lamento más escuchado porque ahí coinciden testigos, familiares de víctimas y victimarios, sin vigilancia policial. Esto, a sabiendas de que generalmente es aquí donde los ánimos se caldean y se descargan las frustraciones ganadas durante las audiencias. Algunas veces los enfrentamientos sólo son verbales, pero ya hay experiencias de agresiones físicas, y sin embargo, al parecer esto no preocupa a las autoridades, porque hasta ahora la vigilancia en esas áreas sólo se refuerza cuando se conocen los llamados "casos calientes", relativos a drogas, asesinatos y asociación de malhechores. "Yo creo que debería haber policías observando, caminando de aquí para allá", dice el abogado Marino García.
Otros litigantes piden evitar las aglomeraciones en los pasillos y limitar el número de personas en las salas de audiencia a fin de mantener un mínimo de seguridad.
También en los tribunales
La situación se extiende hasta los tribunales donde se celebran las audiencias. "Hay tribunales que sólo tienen un policía fijo", acota el abogado Rodolfo Valentín. Cuando se presentan estas situaciones, se refuerza con los policías que traen a los presos desde las cárceles.
Como ejemplo de esta realidad, un juez relató a DL que la semana pasada celebró una audiencia únicamente con un policía presente, y que ha tenido casos con múltiples acusados donde los custodios no pasan de tres.
Ante las limitaciones, muchos confiesan sus miedos. "Yo he leído sentencias con un pie en la puerta porque simplemente tú tienes la sensación, la impresión o el temor de que puedes ser objeto de una agresión por la parte que resulte perdedora", confesó un magistrado que pidió resguardo de su nombre.
Por razones obvias, cada juez debe tener un agente de seguridad asignado, pero en la práctica si algunos no "se la buscan" se quedan desprotegidos. "Yo tengo seguridad porque fui a la Policía y la gestioné", explicó otro magistrado.
Peor drama pasan algunos jueces de Atención Permanente, quienes tienen que salir a las doce de la noche "con el Santo Niño de Atocha" como única compañía.
El círculo de inseguridad por el que se mueven los jueces de estas jurisdicciones es mucho más abarcador. Hay tribunales en los que están obligados a entrar y salir por las puertas comunes, como el Primero de Instrucción, el Tercero y Quinto de Ciudad Nueva, porque las salas no han sido adecuadas para el Nuevo Código, que manda a los acusados a estar de frente al juez.
Fiscales la pasan peor
La situación a la que se exponen los fiscales es peor porque, aparte de que tienen que "hacer de abogados del Diablo", están de espaldas a los familiares de los acusados y hasta se encuentran a los presos en el baño. No tienen seguridad y salen por la misma puerta que los familiares de los condenados. Los fiscales se quejan de la falta de espacios para aislar a los testigos hasta la audiencia. Un fiscal apuntó que "en materia de drogas, los testigos están afuera y el acusado les pasa por el lado y los amenaza". Algunos recuerdan que en la gestión de José Manuel Hernández se creó la Oficina de Protección de Víctimas y testigos y "uno ahí guardaba a los testigos hasta que se llamaba a audiencia, pero ahora no se le está dando ese uso".
yalcántara@diariolibre.com
De Yvonny Alcántara