La seducción en la cama
No existe mujer que no tenga complejos respecto de su cuerpo, pero el último lugar para sacarlos a la luz es en la relación corporal con tu pareja en la cama.
No hay nada más deseable que lo que no se puede tener. Tampoco se trata de que enciendas la pasión y después lo dejes con las ganas, pero un ratito de hacerse la rogada nunca es malo. Coquetéale y sedúcelo de a poco, vístete con su ropa favorita, míralo seductoramente y háblale bien sexy, pero no dejes que te toque, verás cómo se va derritiendo a tus pies al mismo tiempo que tus ganas y deseo se incrementan muchos más.
A los hombres les gusta mirar, no lo prives de ese placer. No le pidas que apague la luz en esos momentos, a ellos les encanta mirarte y también les gusta ser observados mientras hacen el amor. Sólo está permitido apagar la luz cuando hay velas, una chimenea o algo que los ilumine un poco, pero la oscuridad absoluta no es bienvenida.
Aunque cueste creerlo, el hombre no es únicamente su pene. Al igual que en nosotras, los hombres tienen múltiples zonas erógenas (puntos que al estimularlos provocan excitación sexual) a lo largo de su cuerpo.
Naturalmente, las principales y más efectivas se encuentran en la zona genital. Por ejemplo, el pene posee tres partes esenciales, el tronco, la corona y el glande, todas tienen niveles de sensibilidad distintas y esto varía de un hombre a otro. Normalmente el glande (la punta) es el lugar más sensible y vendría a equivaler al clítoris en las mujeres.
Por otro lado, están los testículos y el ano, pero para muchos hombres esos lugares son tabú, por lo que debes preguntarle a tu pareja si le gustaría que explores por ahí.
El interior de los muslos también es una zona muy sensitiva en los hombres, al igual que el cuello y las orejas.
Recuerda, si conoces su cuerpo y las zonas en que le gusta más que lo acaricien, le darás mucho más placer, y lo mismo corre para ti si es que le permites a él que explore el tuyo.
El deseo y el placer hay que dejarlos salir y expresarlos como corresponden. No te reprimas cuando tengas ganas de gemir más fuerte o incluso de gritar, esto te excita más a ti y también a tu pareja. Las palabras sucias y frases obscenas también le dan un aire más entretenido a la relación y echan a volar la imaginación de ambos.
Al principio es difícil desinhibirse y soltarse, pero con el tiempo y la práctica llegarás a sorprenderte a ti misma con lo que puede salir de tu boquita de princesasiglo21.com