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Triunfo de Fischer en presidenciales austríacas y revés para ultraderecha

VIENA (AFP) - El jefe de Estado saliente, el socialdemócrata Heinz Fischer, ganó este domingo por mayoría abrumadora de 78,94% las presidenciales austríacas, en las que la ultraderechista Barbara Rosenkranz, muy polémica por sus declaraciones sobre el Holocausto, sufrió un revés.

Según los resultados oficiales provisionales, Rosenkranz, una madre de familia numerosa de 51 años, obtuvo sólo 15,62% de los sufragios.

Es menos de lo que consiguieron las dos formaciones de extrema derecha en las elecciones europeas de 20 09 cuando su partido, el FPÖ, y el BZÖ, la formación de extrema derecha del carismático Jörg Haider, fallecido en un accidente de tráfico en 2008, sumaron entre los dos 17,74% de los sufragios. Y en las legislativas de 2008 habían rozado 30% con 27,9%.

El resultado mediocre de Barbara Rosenkranz va a dar que pensar al jefe del FPÖ, el fogoso Heinz-Christian Strache, de 40 años, que estimaba "en un 35% el potencial" de la extrema derecha y apuesta fuerte por las elecciones regionales en el feudo socialdemócrata de Viena, el 10 de octubre.

En la capital la candidata del FPÖ está incluso por debajo de su media nacional, con sólo 14,10%, mientras Heinz Fischer consigue 82,52%.

Un tercer candidato, Rudolf Gehring, de 61 años, al frente del partido cristiano CPÖ, contrario al aborto, obtuvo el 5,44% de los votos.

En 2004, Heinz Fischer ganó sobre la conservadora Benita Ferrero-Waldner con el 52,39% de los sufragios, pero en estos comicios, el partido democristiano ÖVP, que participa en el gobierno de gran coalición dirigido por el socialdemócrata Werner Faymann, renunció a presentar un candidato.

Alrededor de 6,35 millones de austríacos fueron convocados a las urnas, incluidos, por primera vez, los mayores de 16 años.

La participación cayó considerablemente, pasando de 71,6% en 2004, ya de por sí la más baja de la posguerra, al 49,17%, aunque los votos por correspondencia la aumentarán en tres o cuatro puntos.

Nadie dudaba de la reelección de Heinz Fischer, de 71 años, a quien apoyaron los Verdes con el fin de frenar a la extrema derecha, de modo que la que realmente acaparaba la atención era Barbara Rosenkranz.

La campaña electoral, sin debate ni entusiasmo, pasaría casi desapercibida si no fuera por las declaraciones polémicas de Barbara Rosenkranz sobre el Holocausto.

La candidata de la extrema derecha, cuyo marido es uno de los fundadores de un grupúsculo neonazi, era, inicialmente, favorable a revisar la ley que reprime las actividades neonazis y las opiniones negacionistas y quería hacerlo en nombre de la libertad de expresión.

Pero tuvo que rectificar al ser blanco de críticas incluso en su propio partido FPÖ.

El diario popular Kronen Zeitung la apoyó al principio, debido sobre todo a sus posiciones antieuropeas, pero a raíz de sus declaraciones polémicas cambió de chaqueta.

Con un pronóstico de intención de voto de 20%, esta madre de diez hijos, todos ellos con nombres germánicos tradicionales, nunca logró redorar su candidatura después de este desliz.

El propio presidente saliente se negó simbólicamente a participar en un debate televisivo con ella, alegando que "no tenía ganas de debatir sobre las cámaras de gas".

El jefe del Estado austríaco desempeña un papel honorífico, protocolario y moral, pero es el único dirigente elegido directamente por los ciudadanos.

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