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La energía verde de las multinacionales

por Velveth

Las grandes multinacionales por medio de su publicidad y productos parecen estar inclinándose en abogar por la energía “verde”. Gastan millones en anuncios, fabrican automóviles híbridos, bombillos que no contaminan el ambiente, diseñadores que confeccionan trajes producto del reciclaje.

Esa es toda una estrategia puramente comercial que está orientada a beneficiar las ganancias de las grandes corporaciones. Ante una crisis capitalista tan desastrosa global como la que se vive, ¿qué mejor que lavarle el cerebro a los consumidores de las bondades de cuidar el ambiente como gancho para aumentar el consumismo cuando lo que se necesita es fomentar hábitos y conductas que nos lleven a tener una nueva manera de relacionarnos con la naturaleza y el ambiente acompañado de un consumismo responsable y ético? Sería ingenuo pensar que las corporaciones lo hacen para el bien social y de la naturaleza.

El lenguaje publicitario los delata por ejemplo en la industria automotriz: “El auto ecológico”, “El carro del futuro”, como si el coche fuera a tomar conciencia de sus actos. Nada se dice del consumidor responsable. La publicidad del mercado que supuestamente defiende la naturaleza con el estribillo de energía “verde”, miente, oculta información valiéndose de valores e ideas ecologistas.

En el sector de la energía, es otro en que las multinacionales que no informan al consumidor de dónde vienen sus recursos y en la publicidad se cantan de ambientalistas. Este es el caso de una multinacional española que produce más o menos el 10% de su energía eólica, mientras se estima que el 90% de su energía productiva proviene de centrales nucleares, térmicas y grandes hidroeléctricas.

La multinacional anglo-holandesa Royal Dutch Shell, en el sur de Nigeria es la principal responsable del deterioro ambiental de una próspera región que contenía bellas y limpias playas, ciudades llenas de vida, naturaleza virgen, aguas ricas en peces y tierras fértiles de las cuales se alimentaban sus pobladores. Hoy hay una pestilencia que no se puede respirar, apenas se puede ver a la distancia debido a la alta contaminación, por todas partes llamaradas de gases a gran altura. A todo esto la Shell se presenta en sus mensajes publicitarios (¡y hasta en sus documentos internos!) como pro-ambientalista. Para conocer muchos casos en el mundo de la relación entre multinacionales y el ambiente, véase la investigación periodística: “El Libro Negro de las Marcas” de los periodistas Klaus Werner y Hans Weiss (2003).

Sabemos que no todo lo que dice la publicidad es cierto, pero aceptamos en nuestro inconsciente de manera acrítica todo lo que nos imponen los supuestos defensores de la naturaleza y la humanidad. No nos preguntamos muchas veces ¿Quién gana o pierde con esa propaganda? ¿Qué intereses se esconden? ¿Qué hay detrás del mensaje y las imágenes? ¿Por qué tengo que creerles? ¿Qué ideología promueven? ¿Qué antivalores reales impulsan? ¿De dónde salen sus recursos naturales? ¿Qué no dicen las grandes compañías? ¿Qué patrones de conducta quieren mantener y acrecentar? La propaganda publicitaria de las multinacionales que se auto-certifican de abogar mediante sus productos por la energía “verde” es eso, propaganda distorsionada solamente, que esconde y manipula la información para conveniencia del capital como siempre, para beneficio de los grandes ejecutivos y unos pocos multimillonarios.

Por Roberto Torres Collazo
rtorres@siglo21.com

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