El 24 de abril de 1965, un día como ayer sábado, se puso de manifiesto en el país dignidad del pueblo dominicano, porque hombres y mujeres “empuñaron las armas para exigir de los golpistas que meses antes derrocaron el gobierno del Profesor Juan Bosch, el retorno al poder porque había sido mancillada la constitucionalidad”.
Este acontecimiento ha sido de uno de los hechos más relevantes acaecidos en la historia de la República Dominicana, porque estalló la guerra civil y patriótica de 1965, por medio de la cual los constitucionalistas se proponían restaurar el primer gobierno surgido de las urnas luego del asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, encabezado por el Presidente Juan Bosch.
El conflicto bélico se inició cuando un grupo de jóvenes oficiales militares se propusieron reinstalar el mando Constitucional del destituido Presidente Juan Bosch, lo cual fue apoyado por grupos de izquierda y gran parte de la población, luego de la alocución radial del “líder negro de los blancos”, Peña Gómez, quien llamó al pueblo “tirarse a las calles” para pedir el retorno de Bosch al poder sin elecciones.
Esta guerra en principio tuvo un perfil de corte civil, ya que además del regreso de Bosch se exigía la destrucción del aparato militar trujillista que se mantenía intacto después de la muerte del dictador, protegido por el entonces el gobierno de facto del Triunvirato, encabezado por Donald Read Cabral.
Los dominicanos libraron fieros combates a los largo de tres días y soportaron los bombardeos aéreos que llevaron a cabo los aviones de la Fuerza Aérea Dominicana por instrucciones del general Elías Wessin y Wessin al puente Duarte y al Palacio Nacional.
Esta guerra adquirió un matiz nacionalista cuando varios días desembarcaron por el puerto de Santo Domingo unos 40 mil marines norteamericanos, los cuales con el pretexto de salvar las “vidas de los ciudadanos de su país residentes en el país”, invadieron el territorio nacional, pero fueron enfrentados valerosamente por los Constitucionalistas con el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó al frente.
A raíz de este estallido y de numerosas escaramuzas, de mayo a septiembre de 1965, la República Dominicana contó con dos gobiernos militares: Uno Constitucionalista, el cual operaba en el edificio Copello de la calle El Conde, cuyo presidente fue el coronel Caamaño Deñó y otro de Reconstrucción Nacional, cuya cabeza era el mayor general Antonio Imbert Barreras, uno de los organizadores del complot contra Trujillo.
Los enfrentamientos prosiguieron a lo largo de esos meses hasta que el tres de septiembre de ese año se firmó entre ambos gobiernos el acta de “Reconciliación Nacional”, por medio del cual acordaron renunciar a esa posición Caamaño Deñó e Imbert Barrera, para elegir un gobierno civil provisional que más tarde estuvo presidido por el doctor Héctor García Godoy.
Además se acordó entre las partes la celebración de elecciones en 1966, la declaración de una amnistía general, el desarme de los civiles y el inmediato retiro de las tropas militares norteamericanos de las calles de Santo Domingo.
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