Dos Priego al tiro en una sola muestra
Ciclotismo y Extravagario se llaman las colecciones que inauguran el jueves en BBDO
Algunas de las obras creadas digitalmente por Harold Priego, pertenecientes a la colección "Ciclotismo"
SANTO DOMINGO. Harold y Samuel Priego, padre e hijo, son dos perros sabuesos de la ironía. Lo demuestran con Arte Genético, la exposición dual que incluye Ciclotismo y Extravagario, las colecciones que inauguran el próximo jueves en la Galería Pagés, dentro de la agencia BBDO, sita en la Avenida Lincoln.
El Arte Genético les viene en el pedigree con un abuelo clásico de las artes dominicanas, como don Enrique García Godoy, el pintor del "Encuentro de José Martí y Máximo Gómez en Guayubín"; y con un padre como don Joaquín Priego, el escultor de, entre otros, el busto que se encuentra a los pies del Palacio Consistorial, en los inicios de la muy caminada calle de El Conde.
La ironía, el sarcasmo de padre e hijo -Harold y Samuel- llega hasta el punto de que -dicen sin proponérselo- uno optó por el arte digital y otro por el óleo, a lo clásico. El del arte digital no es más ni menos que el mismísimo Harold Priego, el padre de "Diógenes y Boquechivo".
Otra ironía: el más sarcástico e iconoclasta no es precisamente el agudo caricaturista, sino su hijo, el bueno de Samuel.
Harold es un aliado de latecnología, de ahí que se haya decidido a realizar unas 28 obras en pequeño formato, no con el pincel, sino con el ratón. A medio camino entre la ilustración (algunos de los personajes parecen salidos de un cómic en 3D) y la pintura tradicional, su Ciclotismo tiene un 'leit motiv': las ruedas de bicicletas, con lo cual aporta un sentido del movimiento, del ir hacia alguna parte.
En ambos hay que destacar la limpieza factural de sus obras. El esmerado cuidado en las líneas, el pulso exacto para dominar las texturas, la sensación de ritmo, los volúmenes. Y primero que todo, la calidad del dibujo.
Samuel nunca estudió en academias, pero su pulso denota estudios superiores. De ahí sus referencias al constructivismo de Tatlin o los Stremberg, que nos refieren a un constructivismo post-molecular (para emparentarlo con el primer plato, "Nôte a Nôte", creado con compuestos enteramente puros). Harold no estudió arte digital, pero el resultado de sus obras subraya el esplendor de un talento que, en ambos casos es destacable, el de la metáfora. En fin, la espléndida capacidad de fabulación en padre e hijo.
Samuel titula sus obras. Harold las numera. Nada, que les gusta fastidiar.
¡De casta le viene al galgo!
Apuntes sobre las dos colecciones
"Extravagario", de Samuel Priego, está compuesta por una instalación titulada "La grima estílica" y por pinturas al óleo sobre lienzos y/o playwood, con títulos como "Murmuratrices"; "Sra. Constitución"; "Extravagario", "Postre", "Té de castidad", "Lady's Punch" y "Armando marchanta". Así como la obra "Lucianagarcia" (un enorme retrato de Luz García); "Carmina camina"; "Nueva embajadora"; "Retrato de Glenda", "Dulce Cecilia" y "Retrato de abuela"
Por su parte, Harold Priego propone lo que ha llamado "Ciclotismo", donde el leit motiv es casi siempre el de la bicicleta, o mejor dicho, la rueda, que aporta el sentido de movimiento, la rapidez de la vida diaria.
El circo, a través de su colorida prestidigitación, hace guiños a la rica fabulación de sus obras.
diariolibre.comEl Arte Genético les viene en el pedigree con un abuelo clásico de las artes dominicanas, como don Enrique García Godoy, el pintor del "Encuentro de José Martí y Máximo Gómez en Guayubín"; y con un padre como don Joaquín Priego, el escultor de, entre otros, el busto que se encuentra a los pies del Palacio Consistorial, en los inicios de la muy caminada calle de El Conde.
La ironía, el sarcasmo de padre e hijo -Harold y Samuel- llega hasta el punto de que -dicen sin proponérselo- uno optó por el arte digital y otro por el óleo, a lo clásico. El del arte digital no es más ni menos que el mismísimo Harold Priego, el padre de "Diógenes y Boquechivo".
Otra ironía: el más sarcástico e iconoclasta no es precisamente el agudo caricaturista, sino su hijo, el bueno de Samuel.
Harold es un aliado de latecnología, de ahí que se haya decidido a realizar unas 28 obras en pequeño formato, no con el pincel, sino con el ratón. A medio camino entre la ilustración (algunos de los personajes parecen salidos de un cómic en 3D) y la pintura tradicional, su Ciclotismo tiene un 'leit motiv': las ruedas de bicicletas, con lo cual aporta un sentido del movimiento, del ir hacia alguna parte.
En ambos hay que destacar la limpieza factural de sus obras. El esmerado cuidado en las líneas, el pulso exacto para dominar las texturas, la sensación de ritmo, los volúmenes. Y primero que todo, la calidad del dibujo.
Samuel nunca estudió en academias, pero su pulso denota estudios superiores. De ahí sus referencias al constructivismo de Tatlin o los Stremberg, que nos refieren a un constructivismo post-molecular (para emparentarlo con el primer plato, "Nôte a Nôte", creado con compuestos enteramente puros). Harold no estudió arte digital, pero el resultado de sus obras subraya el esplendor de un talento que, en ambos casos es destacable, el de la metáfora. En fin, la espléndida capacidad de fabulación en padre e hijo.
Samuel titula sus obras. Harold las numera. Nada, que les gusta fastidiar.
¡De casta le viene al galgo!
Apuntes sobre las dos colecciones
"Extravagario", de Samuel Priego, está compuesta por una instalación titulada "La grima estílica" y por pinturas al óleo sobre lienzos y/o playwood, con títulos como "Murmuratrices"; "Sra. Constitución"; "Extravagario", "Postre", "Té de castidad", "Lady's Punch" y "Armando marchanta". Así como la obra "Lucianagarcia" (un enorme retrato de Luz García); "Carmina camina"; "Nueva embajadora"; "Retrato de Glenda", "Dulce Cecilia" y "Retrato de abuela"
Por su parte, Harold Priego propone lo que ha llamado "Ciclotismo", donde el leit motiv es casi siempre el de la bicicleta, o mejor dicho, la rueda, que aporta el sentido de movimiento, la rapidez de la vida diaria.
El circo, a través de su colorida prestidigitación, hace guiños a la rica fabulación de sus obras.
De Alfonso Quiñones